miércoles, noviembre 25, 2009

El regreso de Misses Joy

El domingo se me frustró mi celebración cumpleañera. Mi plan era ir a Bellas Artes y pararme con mi letrerito de "Abrazos gratuitos" y aplicar la Juan Mann. Avisé a los cuates, pensé en mi enorme mala suerte en cuanto a convocatoria se refiere...

Cuando tenía 10 años mi mamá compró un pastel enoooorme y lo mandó al colegio. La maestra, a quien yo no le caía particularmente bien, nos avisó que bajaríamos al patio fuera de las horas del recreo para partirlo y cantarme las mañanitas. Yo creo que yo me llevaba bien con unas... 3 personas en el salón, mi mamá lo sabía, pero ella insistía en que yo hacía pocos esfuerzos por socializar. En una de sus preocupaciones, incluso le pagó a la hija de la portera para que durmiera en nuestra casa y así yo tuviera con quién platicar. Fueron las cuatro noches más incómodas de mi infancia...


Total que siempre me va medio mal en mis cumpleaños. El Biz dice que es porque tengo demasiadas expectativas, que no hay manera de satisfacer mi desempeño como anfitriona...

Antes de salir al abrazódromo le marqué a tres de mis amigos, ninguno podía ir a compartir conmigo. Eso ya me indicaba que las cosas saldrían como siempre, esto es, mal.

El domingo me llevé el coche a Bellas Artes y me quedé atorada en Artículo 123 donde un camión de turistas insistía en dar la vuelta mientras unos patrulleros le indicaban que siguiera por Bucarelli. Esos fueron unos 20 minutos. Luego seguí por las calles del centro tratando de encontrar la entrada al estacionamiento del Barrio Chino, pero hace tanto que no iba en coche al centro que ya no encontré nada igual más que los mismos vagabundos, hincados en las banquetas porque hasta ahí les llegó la borrachera. Alcancé a cruzar Avenida Juárez (30 minutos después) y pasé frente al Hotel Embassador donde mi teacher pasaba los fines de semana para trabajar en Bellas Artes (porque está más cerca, porque se me da la gana decía).

Reforma me sacó a Tepito donde ya no tuve cómo volver a salir. Una combi con el letrero "8 de cada 10 nenas me prefieren, las otras dos no me conocen" me... ¿ambientaba? la tarde cuando ya eran más de la 1pm y sabía que si alguien había ido a Bellas Artes a recibir mis abrazos se había quedado con un entripado bajo el sol. Lo único que se me ocurrió fue postear por mi celular a mi perfil en Facebook: no puedo pasar, estúpido tráfico. No me vine en bici porque no sabía qué hacer con ella mientras abrazaba gente.

Estuve dos horas en el tráfico infernal. Con ganas de llorar pero regañándome para no hacerlo: "Por Dios, no seas ridícula, es una tontería, por qué te sientes culpable, es completamente lógico, a todo mundo le pasa, deja de tragarte las lágrimas, esto no es para tanto..." Y claro, entre más me contenía, más ganas de llorar. Me regresé a casa. Ofrecí disculpas a quienes si fueron, y desde entonces no quiero saber nada ni del Facebook, ni de la calle, ni de nada.

Hoy hablé con mis amigos que también viven supeditados al confort/amenaza/esfuerzo que implica vivir con un diagnóstico y con el pasado retorcido. Hay días así, días en que ni las medicinas ayudan a que uno se sienta normal... Y dan mucho miedo. Pero supongo que mi papá tenía razón: todo pasa, hasta la ciruela.

jueves, noviembre 19, 2009

Mi alma descansa


Uno de los últimos pleitos feos que tuve con la Jechu fue porque a mí me parece una estupidez festejar el Día Internacional de la Mujer. Mamá, que creció para ver el feminismo dar sus primeros pasos pero aún así parió seis hijos, tomó mi visión como debería: una gran ofensa personal.

Aquella narración quedó inmortalizada en este blog y así hice que el sentimiento creciera más. Hoy me entero que se celebra el Día Internacional del Hombre. Así que mi argumento principal ya valió madre. Y mi madre... debe considerar que este es un regalo de cumpleaños, dado que hoy celebro mis primeros 33 vividos.

Retorcidos los caminos, me cae que sí.

domingo, noviembre 08, 2009

"Te quiero como a mi celular viejo"


Mi celular murió. Ultimamente la tecnología que "vive" cerca de mí, está muriendo. Mi celular era un Sony Ericsson K750i. Una shulada. Fue comprado hace tres años y medio. Lueguito de que empecé por primera vez en mi vida a trabajar en una oficina.

Me tenía maravillada porque no sólo era práctico y simple de usar, la cámara (2 megapixelotes) me tenía estúpida tomando fotos y videos y fotos y videos y fotos y videos. A ese cel le cayó café, se cayó al WC (don't worry, se cayó justo porque estaba lavando el WC), a las mordidas de Aacini cuando llegó y era una cachorrita, a las de Endor, a las caídas de toooodos los tres muebles de esta casa, a las olvidadas en vestidores, a los dos intentos de robo... a absolutamente todo.

Y un día, mientras trapeaba, se cayó en la cubeta, y tardé demasiado en darle RCP y murió. Como pueden ver, mi mano tenía una herida bastante... dolorosa y por eso la trapeada no estaba como muy eficiente, propiciando el terrible suceso que llegó a mi celu a la espantosa muerte por asfixia a los tres años y medio de edad. Amaba ese teléfono. Uno podía ponerle varias alarmas y cambiarle los tonos a todo, a los mensajitos, a los tonos de alarma, a los del timbre... Mi alarma sonaba como un cencerro. Era bonito.

Entre sus muchos intentos por sobrevivir y comprobarme su valentía, una vez compré un celular, era un Nokia de esos que son blancos con naranjas. Intenté usarlo pero no pude. Me volvía loca, a un punto en el que me hizo enojar. No sé cómo le hice para revivir el Sony, pero lo reviví.

Total que hace un año, con ese mismo teléfono, contraté un plan de Telcel, me dieron un aparato mismo que se quedó en manos del Emperador. Era un Nokia, al Emperador le gustan esas cosas. Y justo un mes antes de que se cumpliera el año y Telcel me cambiara de aparato, el Sony empezó a enfermarse. Me cortaba las llamadas, hacía años que no me dejaba hablar desde mi recámara o desde el pasillo, sólo en la ventana, no registraba muchísimas llamadas y la pila me duraba un día, la verdad... 12 horas. ¡Pero era buenísimo!

A las dos semanas sucedió el incidente trapeador y vi como mi teléfono moría... literal, lo vi morir, hasta ruiditos hizo. Prendió eh, debo decir que después de morir y secarse un poco, todavía prendió, en lo que un médico llamaría estertores mortuorios, movimientos reflejos....

El jueves pasado me dieron el aparato nuevo. Es otro Sony, por supuesto. Con una camarooota de 5MP (porque no me alcanzó para la de 12 que quería... ejem). Y no sirve.

No lee la tarjeta de memoria, no lee la SIM, no puedo cambiarle los tonos, no puedo cambiarle el sonido de la alarma, quiero tomar fotos y me dice que las guardará en la memoria del teléfono y no en la tarjeta. Quiero leer la memoria y no puedo, conectarlo a la Mac (que sigue con su rotura gigantesca de monitor), no puedo nada... Y estoy triste y frustrada porque esta clase de cosas presionan botones en mí que simplemente odio. Me caga creer que la tecnología de punta me hará sentir mejor, que teniendo el gadget más acá seré del más allá.

"The clothes make the man". Qué condena puso Mark Twain en su tradicional cinismo. ¿Pero qué diría de los putos celulares?

viernes, octubre 23, 2009

Chale con el cliché

Tengo 33 años. Bueno, casi. Y como toda treintañera me crié pensando en verme como Ninel Conde pero ser lista y poderosa como Beatriz Paredes, y de alguna manera además de eso ser ultratalentosa en algo.

Por alguna razón comparto con muchas mujeres que Carrie Bradsahw encarbana ese estereotipo. Escribía, vivía en un pequeñísimo flat en NY, pero siempre tenía dinero para comprarse la ropa más increíble del universo, jamás se enfermó por fumar tanto, ni por "partysear", toooooda su vida giraba sobre los rechazos y éxitos en el amor. TODA.

Hoy vi una escenita donde el novio en turno le dice: "I told you when I'm working, I'm working" y púmbale, le cierra la puerta. Y las compinches de la Bradshaw la ven con cara de "pooooobre borreguitooooo heriiiiidoooo".

Yo no sé si son los chochos, que la terapia sí funciona, o que definitivamente me estoy volviendo brócolli, pero lo primero que pensé fue: No mames, pos si te dijo que no lo interrumpieras, pos ya. La cagaste y a lo que sigue. Vete a ver la tele y teje algo.

Tan tan.

En otros clichés... ayer vi el inicio de la temporada número 5 de Dr. House (its a brrrriiiiick hooouse!) ¿Qué miedote da "ser otro" nomás por tomar un liberador de serotonina verdá?

Me encantaría contar el capítulo y hablarles de algunos pedacitos que me revolvieron los propios... pero pos la amiga Ju no lo ha visto y no quiero echárselo a perder.

¿Lo vieron?

jueves, octubre 15, 2009

De que los hay peores, los hay

Resulta que el niño que se subió al globo no aparece. Que Alejandra Guzmán cayó en la vanidad y está pagando muy caro las consecuencias. Que la falta de profesionalización de este país permite que gente que no tiene estudios inyecte humanos con quién sabe qué. Que el Zorombas tiene dengue (y el mismo dice que es blan-dengue, pero tiene dengue. Ecríbanle que está tristito). Que los helicópteros no paran de dar vueltas sobre mi casa porque los sindicatos -instituciones jodidas y ladinas que no hacen más que arrastrar a este país- están bloqueando oooootra vez Reforma. Que no hay una sola nota que se publique en internet, un video, un algo sin que un idiota ponga comentarios resentidos, amargados, jodidos y además, con faltas de ortografía. ¡Ah! y que yo tengo mil varos para acabar la quincena (y empezarla porque es 15 de octubre). Y me queda claro, que así estamos todos. ¡La-mamá-delto-po!


Permítanme compartirle mi frustración, con meros ánimos comparativos en la espera de que esto le sirva para no quejarse tanto de administrativo en sus propias empresas.
Desde el número de agosto, escribo para una publicación mona, cuca, donde gente retebien amable me soltó una paginita que cotizan bien chido. Ellos creen que no, pero la neta sí pagan más que otras revistas. Soy refeliz escribiendo para esa revista.

Desde agosto les entrego puntualita. A veces me avisan cambios al 3 para la hora pero pos yo con harto gusto los hago. Sé cómo es la gente de ventas y sé que conseguir anunciantes es un pedo, así que no me quejo.

Entregué el primer artículo la primer semana de julio, para el 30 de agosto (día en que ya entregué dos artículos) no han pasado mis recibos. Sucede que la política en la editorial que produce la revista es ingresar el pago del colaborador 30 días después de la publicación.

Y pos miren, no me angustié verdá, porque por fortuna no andábamos apretados de varo. Aacini no se había vuelto loca y había herido a Iquimeh obligándonos a comprar otra Kennel, llevarla a cirugía y pagar etólogo... Sí, la crisis también afectó el imperio de Messeiur Galactic. Total que se fueron juntando los meses y pos la tarjeta fue absorbiendo los gastos que yo no podía cubrir porque... ejem, no me habían pagado.

Hace tres semanas, ya con tres recibos dentro y ni un cheque fuera, hablo con el contador y le pregunto si me pagará ese jueves. Porque en esa editorial, a diferencia de las demás donde escribo, sólo pagan los jueves, y uno debe ir por el chequecito. No en todas es así, muchas son reteamables y te depositan electrónicamente así ahorran papel, ahorran tiempo, ahorran recursos para que haya para pagarnos... Cosa bonita de la ecología.

Tons, estoy marcando a la editorial en cuestión y el señor encargado de los pagos me informa:

- ¿Confirmó su pago?

-¿Perdón?

-Sí, ya habló en la mañana para avisar que vendría a cobrar?

Por supuesto, me reí y le dije: Nooooo.

-Ah, entonces no saldrá su pago. Debe llamar los jueves de 9 a 11 para confirmar primero que haya cheque hecho para usted y segundo que sí vendrá a cobrarlo.


No hice coraje, porque estaba en medio de una sesión fotográfica. Mr. fotos estaba en lo suyo y mi entrevistado haciendo caras de: "¿estoy saliendo guapo?" (Como si le costara trabajo al cabrón). Total, hablo hoy en la mañana para preguntar si tendrán la amabilidad de pagarme digamos agosto y septiembre, dado que es 15 de octubre...

-Editorial Chundirúuuuu

-Hola qué tal, ¿me comunica con el Contador Rainbow Britte?

-¿Es para pago?

-Sí.

-Pero hoy no habrá pagos.

-¿Perdón?

-Nos avisaron que no vendría nadie a cobrar.

-Ah pues a mí me deben tres meses, más vale que sí haya pagos.

-Permítame...

Me pasan con el contador y éste me dice:

-No, no hay pagos, nos avisaron que no habría.

-Y...¿cómo cuándo planean pagarme?

-Pues esperamos que la semana que viene.



Alguna vez en la vida trabajé dentro de la nómina de esta editorial. Si alguno de ustedes escribía conmigo, le ofrezco una disculpa, nunca supe que aguantaban mis gritos y malhumores además de aguantar esto.

En México hay cosas que se ven muy bonitas, como las nalgas de la Guzmán, pero que están hechas con métodos de 1950, cuando la gente iba a cobrar "la semana" y se tenía que formar con la esperanza de que no le cerraran la puertita de pagos en la jeta.

Los helicópteros siguen... Yo voy a ver cómo le hago, para alimentar cuatro perros y dos humanos con mil varos. Y les juro que puedo, y les juro que no me quejo, porque hay gente que se pregunta todos los días si vale la pena gastar 5 o 6 pesos para viajar a los Comedores Populares y comer gratis. Pero esa gente no tiene trabajo... y yo... creo que sí, pero ya no estoy segura.

¡Oish!

Menos mal que todo esto, también pasará y que la quincena sólo dura eso, 15 días.

miércoles, septiembre 23, 2009

A punto de ebullición...


Hace varias semanas, que como todos en el DF, mi edificio padece de falta de agua. Como todos saben, he escrito varios posts al tema.

Hoy, sin embargo, estoy hasta la madre de sentirme culpable por la falta de agua y de haber transmitido eso a mis queridos vecinos. Hace cosa de 10 minutos, una de mis vecinas vino a exigirme que le de la llave del closet donde se aloja la toma general, que ella paga agua como todos y nunca está y que su muchacha viene a lavarle la ropa dos veces a la semana y no puede, que en el piso de arriba todos tienen agua y que ella nunca tiene y que ella sabía que yo tenía llave y que se la diera o forzaba la chapa.

Ejem...

En la mañana, otra vecina intentó reclamarle a mi marido que yo no he querido que pidan una pipa... porque claro, resulta que mi opinión es taaaaan importante que evidentemente todos me hacen caso y todo mundo ahorra agua, y nadie deja la puerta abierta, y que nadie recoge basura de la banqueta y nadie quiere correr a la señora que tiene 25 años "limpiando" el edificio mientras insulta a nuestras visitas.... Claro, todo mundo me ha hecho caso.

Y como la última vez que no hubo agua y todo mundo estaba sentadito en su casa sin hacer nada, tuve la grandiosa idea de comprar una pipa (sí, de mi dinerito) y llenar la cisterna... y claro, mis vecinos abrieron las llaves y todo se inundó y nunca tuve agua... ahora creen que soy la reina de la crisis, la que debe decir qué hacer y cuándo y la responsable de que nadie tenga agua. Si así fuera, ¡Juanito me cedería a mí su delegación, evidentemente soy yo quien puede llevar agua a Iztapalapa!


Aacidentalmente estoy leyendo un libro glooooorioso: Codependance no more. Así que estoy aprendiendo a soltar al mundo, a dejar de creer que puedo y debo solucionar todo, y a no provocarme malestar físico por no conseguir que el calentamiento global se enfríe.

So... ¡QUE MIS VECINOS SE VAYAN AL CARAJO!

¡Que aprendan a vivir como yo con 80 litros de agua a la semana, a reusar el agua de la lavadora y con la que se bañan y a bañarse con 15 litros y que toquen el timbre de sus mamás!

domingo, septiembre 20, 2009

Reflexiones sobre un monitor roto

Mi monitor está agonizando. Tiene rota... algo así como la tercera parte de su ser. Un punto se craqueló y rápidamente provocó decenas de grietas en el LCD y manchones en las celdas. Ahora mismo escribo mientras a la izquierda de esta ventana, una gran araña tecnológica y digital amenaza con apagar para siempre este cuadrito de 13 pulgadas de avance tecnológico.

Hay un pequeño duelo en mí que se ha negado a salir. Y de golpe me cayó cuando intenté leer el periódico al mismo tiempo que platicar con alguien vía messenger. El monitor tiene útil a penas unas 8 pulgadas y no puedo escribir y leer al mismo tiempo...Wait... No puedo, ni con 80 pulgadas, escribir y leer al mismo tiempo.

Esta ilusión que nos brindan los gadgets. "Humanos escuchen: son omnipresentes, son omnipotentes... en el marco de su mundo tecnológico y lleno de botones, lo pueden todo". Hoy no podemos estar en paz en la fila del banco, del doctor, incluso en el transporte público acompañaditos de nuestra soledad. Siempre estará un juego en el celular, el messenger en un smart phone, la laptop en el café conectado con red inalámbrica. La soledad es un concepto que evadimos a toda costa, al precio que sea, con meses sin intereses de ser posible y en ofertas de fin de año.

En los coches modernos, el GPS nos acompaña, como antes hacían los papás o el guía del grupo Scout, para llegar del punto B al punto A. Y si por alguna razón se nos ocurre pensar de más, digamos, de manera independiente, siempre tendremos la compañía de la radio hablada -donde casi todas las palabras son comprados por los patrocinadores-, las dulces melodías del pop de los 80, 90, y más, y por si todo falla, los espectaculares que abarrotan los escasos horizontes en las ciudades.

Ya no hay soledad. Y ese hueco que sentimos a veces, que nos dice que tenemos que "llenarlo" con algo, eso que se siente roto como mi display, cada día tiene más sustitutos. El de mi monitor cuesta 800 dólares. Pero creo que estoy aprendiendo a querer su intrincada, cada vez menos clara, metáfora sobre la soledad.